Ese día en la reunión
me di cuenta de que
algo no funcionaba.
Llevaba años trabajando en ciberseguridad en empresas grandes. Sabía lo que hacía. Sabía cómo resolver los problemas de los clientes. El problema era que resolver los problemas de los clientes no siempre era el objetivo.
Lo que vi en esa reunión.
Un día estaba hablando con mi responsable sobre una necesidad concreta de un cliente. Yo sabía cómo solucionarla — una pequeña modificación en un producto que ya tenían, sin coste adicional, y que les habría fidelizado más de lo que ya estaban.
Nadie hizo nada ilegal. Nadie mintió. El sistema simplemente funcionaba como estaba diseñado para funcionar: vender, no resolver.
Más de 15 años
en el sector.
Cuando decimos que integramos
cualquier cosa, lo decimos en serio.
La mayoría de los SIEMs dicen que pueden conectar cualquier herramienta de seguridad. Nosotros decimos que podemos conectar cualquier cosa que genere logs. La diferencia no es de marketing — es de cómo pensamos los problemas.
Puede sonar a broma. No lo es. Es exactamente la misma lógica que usamos para detectar comportamientos anómalos en tu red — solo que aplicada a lo que tú necesitas, no a lo que viene configurado de fábrica.
Las reglas genéricas no detectan ataques específicos. Los atacantes no siguen plantillas. Por eso configuramos la inteligencia para tu entorno concreto. No para el de otro.
Tres cosas que no
vamos a hacer nunca.
Si ahora mismo hay alguien en tu red, tú no lo sabes.
Una llamada de 15 minutos con un ingeniero que te dice la verdad: qué tienes, qué te falta y qué riesgo estás asumiendo ahora mismo sin saberlo.